Tras la máscara de la vergüenza

En Bienestar por Ale Prieto

¿Cuantas veces nos enfrentamos a situaciones en las cuales por alguna razón nos sentimos avergonzados de nosotros mismos?

¿Cuantas veces nos enfrentamos a situaciones en las cuales por alguna razón nos sentimos avergonzados de nosotros mismos?

¿Cuantas veces nos enfrentamos a situaciones en las cuales por alguna razón nos sentimos avergonzados de nosotros mismos?

Nos sonrojamos, nos ocultamos, nos comprimimos, desviamos la mirada para no ver o ser vistos por los demás porque creemos que no contamos con los atributos necesarios para ser aceptados tal cual somos, es decir, sentimos vergüenza.

La vergüenza es una reacción negativa frente a uno mismo, una emoción aprendida que se remonta a los primeros años de vida y que es resultado de las primeras experiencias interpersonales del niño en su búsqueda  por afirmarse a sí mismo, a través del contacto con los otros. 

En ocasiones, cuando el niño es pequeño y llega a presentar un comportamiento inadecuado, los padres o tutores pueden reaccionar en forma desmedida, como por ejemplo con  ira, o bien tomar ciertas represalias en contra de éste haciéndole sentir que no es lo suficientemente bueno como para merecer su cariño; de esta manera es como aprendemos a sentir vergüenza de nosotros mismos. 

Estas experiencias de infancia dejan huellas marcadas que quedan grabadas a lo largo de la vida, haciendo de la vergüenza un sentimiento difícil de identificar, aceptar y manejar. Confusión e inseguridad son sensaciones que pueden arrastrarnos a reprimir nuestra verdadera esencia y por lo tanto a crear un «sí mismo ideal», que se enfoca más que nada a cumplir con las expectativas de los otros, que nos auto limita y nos lleva a adoptar posturas rígidas ante diversas situaciones, lo que genera un gran vacío en nuestro interior y una constante insatisfacción por no cumplir nuestras verdaderas necesidades.

Sin embargo, la vergüenza también tiene su parte funcional, es decir que, al ser genuina, nos permite reconocer cuando hemos actuado mal o herimos a alguien y por lo tanto, nos avergonzamos por el acto cometido y nos disculpamos. El problema es cuando esta emoción se convierte en una conducta patológica inmovilizándonos por sentirnos inadecuados en este mundo.

Una forma de trabajar la vergüenza es a través de un proceso terapéutico que le permitirá a la persona explorar y encontrar el origen del sentimiento, aclarar aquellos prejuicios e ideas sobre sí mismo que en determinado momento se creyó y le compró a otros, actualizar su experiencia, descargar su enojo y sanar relaciones, y así lograr un adecuado sentido del sí mismo. 

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